Inicio › Historias Sagradas

Historias Sagradas#SanMartínDePorres#Santos#JusticiaSocial#AméricaLatina

Entró al convento a barrer. Hoy es el patrono de la justicia social

Por ser hijo ilegítimo y mulato no entró como fraile, sino como ayudante. Le dieron la escoba. Y la gente de Lima terminó llamándolo Martín de la Caridad.

Mural de san Martín de Porres con hábito dominico blanco y negro, un crucifijo en la mano y camas de enfermos al fondo.
Mural de san Martín de Porres en el Jirón Azángaro, Lima. Foto: Pitxiquin, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons.

Hijo ilegítimo.
Mulato, en la Lima de 1600.
Le dieron una escoba, y terminó ganándose a toda una ciudad.

Lima, finales del siglo XVI. Un muchacho de unos 15 años entra al convento dominico de Nuestra Señora del Rosario. No como fraile, porque no podía: era hijo ilegítimo y mulato, y eso le cerraba el paso. Entra como donado, el escalón más bajo de la casa: alguien que vive con los frailes y trabaja para ellos, sin ser uno de ellos.

Le encargan la limpieza. De ahí viene el apodo que le quedó para siempre: el santo de la escoba.

Un barbero que sabía de medicina

Martín nació en Lima el 9 de diciembre de 1579. Su papá, el español Juan de Porres, tardó en reconocerlo. Su mamá, Ana Velázquez, una mujer negra, lo crio con lo que tenía.

Hacia los 12 años empezó a aprender el oficio de barbero, que entonces era mucho más que cortar pelo: incluía sacar muelas, hacer sangrías y preparar remedios con plantas. Cuando llegó al convento, en 1594, ya llevaba ese saber en las manos.

Y lo usó. Además de barrer y atender la portería, cuidaba a los enfermos, sin mirar de dónde venían. El 2 de junio de 1603 hizo por fin su profesión religiosa como hermano cooperador, un fraile que no es sacerdote.

«Los enfermos no tienen clausura»

La clausura es la parte de un convento reservada a sus habitantes. Martín tuvo problemas con eso. Según Catholic.net, un día metió a un pobre enfermo en su propia celda y, cuando lo corrigieron, respondió que «la caridad tiene siempre las puertas abiertas, y los enfermos no tienen clausura».

No se quedó en el gesto. Con ayuda de personas pudientes de Lima fundó el Asilo y Escuela de Santa Cruz, para darles educación y oficio a quienes vivían en la calle, según Vatican News.

Juan XXIII lo resumió en la homilía de su canonización: daba comida, ropa y medicinas, y favorecía a los campesinos, a los negros y a los mestizos, que hacían los trabajos más bajos de la época. Por eso la gente lo llamó «Martín de la Caridad».

El perro, el gato y el ratón

Mira cualquier imagen suya: casi siempre hay animales. La razón está en una leyenda que recoge Vatican News: hizo comer del mismo plato a un perro, un gato y un ratón. Lo que sí se cuenta como parte de su vida es que también curaba animales, algo poco común en su tiempo.

Alrededor de él hay más historias de este tipo: enfermos que sanaban con solo tocarlos, y que se le veía en dos lugares a la vez. Eso es tradición, y así lo contamos.

Cómo llegó a santo

Murió el 3 de noviembre de 1639, de fiebre. Según Catholic.net, al entierro fueron el virrey y el arzobispo, mezclados con mulatos e indígenas pobres. Sus restos están en la Basílica de Santo Domingo, en Lima.

Gregorio XVI lo declaró beato en 1837, y Juan XXIII lo canonizó el 6 de mayo de 1962. Si quieres entender esos pasos, aquí te contamos cómo se hace un santo. Según EWTN News, los dos milagros que se presentaron para ese paso fueron la curación de una anciana en Paraguay, en 1948, y la de un niño en Tenerife, en 1956, a quien iban a amputarle una pierna.

Juan XXIII contó en esa homilía que Pío XII ya lo había nombrado, en 1945, patrono de las instituciones sociales de Perú. Vatican News recuerda que el propio Juan XXIII lo proclamó patrono de la justicia social.

De Lima a Cartagena y a Popayán

Martín no fue el único en su continente que miró hacia donde pocos miraban. Fue bautizado en la misma iglesia que Santa Rosa de Lima, su vecina de ciudad y de siglo. Y por esos mismos años, en Cartagena, Pedro Claver se dedicaba a los africanos esclavizados que llegaban al puerto.

Siglos después, en Popayán, un hojalatero llamado Toribio Maya sostuvo durante décadas un refugio de leprosos. No hace falta tener un cargo para cambiar el lugar donde uno está. A veces basta con una escoba.

Por qué esto también es para ti

  • Si alguna vez te hicieron sentir de segunda, esta historia empieza justo ahí.
  • Su fe no se quedó en la capilla: se volvió comida, remedios y una escuela para niños sin hogar.

Guárdalo para el 3 de noviembre

Es su fiesta. Y si alguien de tu familia tiene su imagen en casa, ya sabes por qué lleva escoba.

Se le atribuye una frase: «Yo te curo y Dios te sana». Cabe entera en la vida de un hombre que nunca quiso ser el centro de nada.

Sigue leyendo

Fuentes